Me lesioné la rodilla y tuve que dejar de jugar fútbol»

El ciclismo fue la última parada luego de practicar tenis, de jugar fútbol y de ser campeón de voleibol en el colegio Gimnasio El Recreo de Montería. La actividad física fue el medio para canalizar la energía extra que tenía, para controlar la hiperactividad, para quedarme quieto. “Me lesioné la rodilla y tuve que dejar de jugar fútbol. Y empecé a salir en bicicleta por los lados de Ciénaga de Oro, por Arboletes, incluso hasta Planeta Rica, que es como a una hora de la ciudad. Y el pelao iba conmigo”, recuerda Álvaro José padre. Aprendí a montar en el parqueadero de mi casa, al frente del Club Campestre de Montería, al que no volví a entrenar tenis porque un día un profesor reaccionario se fue y no le encontraron sustituto.

«Nací en Montería, Córdoba el 16 de septiembre de 1996»

Álvaro José por mi padre, por la tradición costeña de ponerle al primogénito el mismo nombre. Hodeg, por mi tatarabuelo escocés que decidió abandonar su país para buscar mejor suerte en América luego de una Segunda Guerra Mundial que dejó mucha pobreza y pocas oportunidades en Europa. Y Chagüi por la otra rama, la de mi mamá, la de la familia libanesa que llegó hasta Cereté, un pueblo donde el apellido se viralizó al punto de ser más conocido y común que un Gómez o González. Álvaro José Hodeg Chagüi pudo haber sido comerciante como mi papá o ganadero como mi abuelo. Pero no. Elegí el deporte.

Íbamos a la finca y pasábamos días enteros en el corral amarrando y marcando ganado»

Tenía una bicicleta con ruedas auxiliares de trial que mi papá me trajo de Medellín, con la que sorteaba pasamanos y saltaba pequeños muros como cualquier niño que aún no es precavido, al que no se le ha infundado el miedo a la caída y, por ende, hace sin temor a nada. Y mientras mi habilidad crecía, mi talento sobre el caballo también. No el de acero, el de verdad. “Íbamos a la finca y pasábamos días enteros en el corral amarrando y marcando ganado. Soy muy buen jinete. No le tengo miedo a nada”. Quizá por eso me volví temerario y hoy en día me ven meterme por los espacios más recónditos en pleno embalaje a más de 70 kilómetros por hora.

«No fuí un niño desorganizado, tampoco contestón. Mi único pecado era no quedarme quieto»

No fuí un niño desorganizado, tampoco contestón. Mi único pecado era no quedarme quieto. Por eso mi mamá tenía que dejarme jugar antes de hacer las tareas, para que me pudiera concentrar, para que permanecer sentado durante un largo tiempo no fuera un martirio.

“Era bueno en el colegio. Siempre me motivaron e incentivaron para que me enfocara en el estudio”, Como juvenil gané todo lo habido y por haber en Córdoba, un departamento con poca tradición ciclística y en el que eran más habituales el balón de fútbol y la pelota de béisbol que las dos ruedas.

«En Antioquia había velódromo, una liga organizada, más carreras, mas nivel»

“Si es lo que quieres, pa’ lante, mijo”, fue lo único que me dijo mi padre, entendiendo que para materializar lo que parece imposible hay que tomar riesgos.

Pasé los exámenes y la entrevista en el colegio Bolivariano de la capital antioqueña. Alterné mis clases con las idas al Aeroparque, cada jueves, para probarme con los ciclistas élites. Incursioné en la pista. Aprendí la técnica para sortear los peraltes, a frenar sin frenos, por pura inercia, y a controlar mejor la bicicleta.

John Jaime González me vió y me convocó a la selección de Colombia para el Panamericano Juvenil de Aguascalientes, en México (2014), certamen en el que me quedé con el bronce en la prueba de velocidad. El rumor de que había un costeño alto, portentoso, con una gran potencia en su tren inferior se esparció tanto que llegó a los oídos de Carlos Mario Jaramillo y de Joxean Fdez. Matxin, scout del Quick Step Floors Cycling Team que anteriormente se había ya fijado en mi amigo y compañero Fernando Gaviria y parecía estaba a punto de correr la misma suerte. Al poco tiempo estaba con el equipo Coldeportes Claro y convocado para el Mundial de Ruta en Richmond, Estados Unidos (2015).

«Al poco tiempo estaba con el equipo Coldeportes Claro»

“Estaba llorando. Pinché en la prueba de fondo. Creo que es la única vez que me he sentido como derrotado por la vida”.

Pero como el árbol que soporta la tormenta para seguir dando frutos no desistí. Por el contrario, entendí que perder es lúdico y enseña. Y hoy, luego de brillar en la última edición del Tour de L’Avenir, de ser el campeón de las metas volantes del Giro de Italia sub-23 y de estar probando con el Quick Step, soy la principal carta de nuestro país para la prueba sub-23 en el Mundial de Noruega.

Hoy día 3 de Octubre de 2.017 es un día especial acabo de firmar mi primer contrato como profesional:  “¿Qué locura es esta? Creo que necesito algo de tiempo para darme cuenta de que acabo de firmar un contrato con Quick-Step Floors. No puedo creerlo ahora mismo, pero estoy super feliz! Cuando tuve la oportunidad de competir con el equipo como stagiaire, yo estaba realmente emocionado y quería mostrar a todo el mundo lo mejor que puedo dar,  no tengo palabras para describir lo orgulloso que estoy de que el equipo quiera que me quede, creyendo que tengo un futuro con ellos “.

Tomado de: Diario el Espectador